
Dios mío,
tú eres todo bondad,
ten compasión de mí;
tú eres muy compasivo,
no tomes en cuenta mis pecados.
¡Quítame toda mi maldad!
¡Quítame todo mi pecado!
Sé muy bien que soy pecador,
y sé muy bien que he pecado.
A ti, y sólo a ti te he ofendido;
he hecho lo malo,
en tu propia cara.
Tienes toda la razón al declararme culpable;
no puedo alegar que soy inocente.
Tengo que admitir que soy malo de nacimiento,
y que desde antes de nacer ya era un pecador.
Tú quieres que yo sea sincero; por eso me diste sabiduría.
Quítame la mancha del pecado, y quedaré limpio.
Lava todo mi ser, y quedaré más blanco que la nieve.
Ya me hiciste sufrir mucho;
¡devuélveme la felicidad!
No te fijes en mi maldad ni tomes en cuenta mis pecados.
Dios mío, no me dejes tener malos pensamientos;
cambia todo mi ser.
No me apartes de ti;
¡no me quites tu santo espíritu!
Dame tu ayuda y tu apoyo;
enséñame a ser obediente,
y así volveré a ser feliz.
A los pecadores les diré que deben obedecerte y cambiar su manera de vivir.
Señor y Dios mío,
Dios de mi salvación,
líbrame de la muerte,
y entre gritos de alegría te daré gracias por declararme inocente.
Abre mis labios y te cantaré alabanzas.
Yo con gusto te ofrecería animales para ser sacrificados,
pero eso no es lo que quieres;
eso no te complace.
Para ti,la mejor ofrenda es la humildad.
Tú, mi Dios, no desprecias a quien con sinceridad se humilla y se arrepiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario